(aprendiendo de los maestros)
Muchos “oran” pero, al parecer, pocos son los “orantes”. Se puede estar vivo como “hacedor” de cosas y dinamizador de movimientos, y muerto o debilitado como realidad teologal. Al parecer, muchos hacen de la oración un “fragmento” de su vida; pocos, en cambio, hacen de la oración “eje” de su vida.
Tenemos mucho adoctrinamiento sobre la oración y mucho prurito de hablar de ella como un referente necesario; pero, es menos, al parecer, nuestra cultura oracional, la que afecta a nuestro corazón, a nuestra necesidad insondable de ser completos: de “ser”, simplemente.
Sentimos poca necesidad de fundamentar nuestra relación con Dios en la oración; mucha, por el contrario, en nuestra propia actividad, o activismo, que puede representar una tragedia teologal disimulada:
- estoy muy ocupado;
- no tengo tiempo.
Y es cierto. Pero, tal vez no tenemos tiempo porque no valoramos suficientemente la eficacia de lo que parece una pérdida de tiempo en la soledad de estar con Dios en su soledad y en la nuestra recuperada. Por otra parte, es necesario restablecer el equilibrio de saber “estar con la multitud” y de saber “estar solos ante el solo”. Es éste un equilibrio que hay que enseñar y que hay que aprender: realizar nuestra singularidad, nuestra “soledad”, como un jarro de arcilla modelado en un sosegado taller de alfarero; y saber pasar a ser de utilidad pública y poder dar de beber de ese jarro, agua fresca, por amor al Maestro. Modelando el barro se hacen las vasijas, y es de su vacío del que depende la utilidad de las vasijas de barro. En nuestra cultura de la exterioridad no es fácil, ni se entiende bien, cómo elaborar esa “invisibilidad”, que es nuestro vacío, como una gran utilidad para estar en la presencia de Dios y para estar en el pueblo. Y, no obstante, es una responsabilidad que nace en la soledad de ese desierto y “despoblado”, imprescindible para buscar y realizar la sublime singularidad que nos puede revelar quiénes somos de verdad. Él nos conoce por nuestro nombre propio, es el nombre que nos da en un acto original y exclusivo cuando nos nombra, nos llama y nos crea. Esa llamada es una vocación singular, que tenemos que desarrollar porque es una responsabilidad. El vacío, la soledad, el desierto nos la descubre. A partir de ahí, y desde ahí, nace la fidelidad a una multitud que nos busca (Mc.1:37).
Necesitamos recuperar esa singularidad que, paradójicamente, nos inserta y se realiza del todo en un proyecto común, enriqueciéndolo con una presencia adquirida sólo en esa sublime soledad de ser uno mismo en la presencia de Dios. Como Jesús, a quien le definía esa relación singular con su Padre.
Una auténtica cultura de la interioridad nos devolvería la idea y el sentimiento de que la oración es la clave de nuestra verdad y de nuestra “identidad” como “personas”. La oración implica, no sólo la verdad de nuestra relación con Dios, sino también, una verdadera experiencia humana. “Ser” es “ser orante”, y en la medida en que lo somos. Tal conciencia de presencia no la realizamos fundamentalmente, ni principalmente, desde el propio trabajo, actividad o activismo; la realizamos, imprescindiblemente, desde nuestra singular pobreza de “ser sólo una relación de amor” desde nuestra pobreza reencontrada.
Paz y bien
Leo
Gracias, querido Leonardo… como practicante de la Oración Centrante -en Barcelona donde vivo- me identifico con todo lo que comentas. Aprender y encontrar ese sabor que nos unirá más a ÉL… La Presencia de Dios… el Cristo interno. Uno pasa días, momentos, períodos de más sequedad… de más distracción, de más desmotivación… Y notas dentro una especie de inercia que tiende a paralizarte.
He vivido estos períodos, cortos gracias a Dios… pero los he aprovechado como prueba de fe… en los cuales la práctica te “salva” de perderte todavía más en ese falso yo. Hay días de vacío espiritual… de oscuridad… de un silencio denso más que espacioso… pero estamos ahi… abiertos… dejando que el Espíritu obre en nosotros.
Acudimos a ÉL… fieles, aunque cambiantes… no importa… pero estamos ahi… en la espera de Elías en la cueva de nuestro interior.
Gracias, querido hermano…
Un abrazo en Cristo
Carmen
Reuniones en Bs. As de oración centrante?, talleres o algo así? Noticias del Padre Keating?
Saludos y Gracias
Esteban
Esteban, hay algunos grupos de O.C., talleres aun no se han organizado este año, y noticias del Padre Keating, es que esta bien y muy anciano. te adjunto uno de sus escritos:
Recuperando la Conciencia de Nuestro Destino Divino
Hasta hoy los cristianos ortodoxos orientales dicen perfectamente con audacia, que nuestro destino es ser divinizados o deificados. Esos términos también fueron usados durante un tiempo por los Padres de la iglesia occidental. Pero luego, con la modestia occidental o elusión o lo que fuera que caracteriza la conciencia o la cultura romana la iglesia occidental evitó usar ese tipo de lenguaje, aunque nunca lo negó. Pero cuando los místicos empezaron a expresarse en esos términos despertaron asombro o sospecha. A algunos los quemaron en la hoguera como premio a sus esfuerzos, así que dejaron de abrir la boca, y como resultado el cristianismo occidental ha languidecido en un desierto espiritual que ha durado siglos. Aunque la tradición contemplativa fue muy rica en los primeros tiempos y recibió la continua contribución de diversos focos de espiritualidad ahora es necesario recuperarla.
“…Nosotros, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu. 2 Corintios 3:18
Paz y bien
Leo
Gracias Leonardo por la respuesta y dígame tiene noticias de estos grupos, como para contactarse con algunos de ellos.
Saludos
Esteban
Muy bueno esto de “no orar, sino ser orante”.
Abrazo fuerte,
Practico OC y estos comentarios me enriquecen permanentemente