Dice un cuento:
Vivía en la India un hombre extremadamente rico que tenía un solo hijo; pero, un día, su hijo desapareció o fue secuestrado. El padre hizo cuanto pudo por encontrar a su amado hijo, pero todo fue en vano. Pasaron los años sin que el padre pudiese saber su paradero y, conforme se iba haciendo viejo, la añoranza por su hijo se hacía cada vez mayor. Un día, mientras se encontraba contemplando el horizonte desde una ventana, vio acercarse a su casa a un joven vagabundo. Al llegar le socorrieron y, cuando éste estaba ya a punto de marcharse, el hombre rico le vio la cara y casi saltó de sorpresa, puesto que había reconocido a su propio hijo, tanto tiempo ausente. Inmediatamente llamó a sus sirvientes y les dijo:
- Traedme aquí a ese joven vagabundo. Varios sirvientes fueron tras él, intentando hacerle volver. El joven rehusó diciendo:
- Perdonadme, por favor. No volveré nunca a vuestra casa. Pero aunque soy un vagabundo, no he hecho nada malo.
- No, no te estamos acusando de nada. Ocurre, simplemente, que nuestro amo quiere verte,
- le aseguraron los sirvientes. Pero fue inútil, porque no consiguieron hacerle volver. Por el contrario, el joven se asustó aún más y empezó a temblar, diciendo:
- Yo no tengo nada que hacer en presencia de un hombre tan noble e importante. Finalmente, los siervos tuvieron que volverse y dar cuenta de su fracaso a su señor. Entonces, el hombre rico, lleno de dolor por su hijo, ordenó a uno de sus criados jóvenes que se disfrazase de vagabundo y tratase de hacerse amigo de él. Así se hizo, y cuando el criado-vagabundo creyó llegada la ocasión, dijo al joven vagabundo, hijo de su señor:
- He encontrado un buen empleo. El trabajo no es muy duro, y el jornal bastante bueno. Además, nos darían una pequeña habitación para los dos. ¿Por qué no me acompañas y lo intentamos? Así fue como ambos entraron al servicio del hombre rico. El joven trabajó como jardinero durante un tiempo. Cuando ya estaba acostumbrado a esta situación, el hombre rico le ascendió, haciéndole sirviente de la casa. Como este trabajo lo hizo bien, el hombre rico le dio la responsabilidad de dirigir sus propiedades y finalmente le nombró, para estar más cerca de él, su secretario personal, facultándole para asumir todas sus funciones. Pasaron los años. El noble se hizo más viejo. Percatándose de que no viviría mucho más tiempo, reunió a sus parientes y amigos y le presentó al joven diciendo:
-Este joven es mi propio hijo, que desapareció cuando era un niño pequeño. Y entregó todas sus propiedades y sus títulos a su hijo.
Este cuento nos recuerda la parábola del Hijo Pródigo que nos demuestra muy claramente el punto de vista de Jesús referente a este tema y su forma distinta de entender a Dios. Ahí se dice del padre: Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente… ese es nuestro Padre… al que nos invita Jesús conocer y experimentar. Experimentar es algo muy diferente a saber intelectualmente de Él. Mi consejo es que no solo lo experimentes sino que lleves a otros a conocerle.
Paz y bien
Leo