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Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.

Estos versos evocan aquellos otros del Cantar de los Cantares:

“En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma; Me levanté y recorrí la ciudad, por las calles y plazas, buscando al Amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré” (Cant 3,2)

Ire pues “…siguiendo ríos sin nombre, perdido en caminos impenetrables de lejanas montañas…”, por los trayectos que mi vida lleve, en medio de mi silencio, clamando por este amor escondido, mientras acepto mantenerme en la oscuridad. Juan continua: “Por eso en esta tercera canción manifiesta que le quiere buscar por sus propias obras. Dice cómo le buscará para encontrarlo: practicará las virtudes y los ejercicios espirituales de la vida activa y de la contemplativa. Para hacer esto no ha de admitir ni gustos ni regalos. Y, una vez comenzado este camino, no serán capaces de detenerla todas las fuerzas y asechanzas” He de salir pues, no es suficiente que me siente a esperar, No vendrá el Amado (no recobraré mi ser original) con tan solo desearlo. He de practicar en la oscuridad, he de buscar, he de salir de mi lugar propio. ¿Y cual es la razón para salir? La búsqueda de mi amor es la razón para salir, …en ansias de amores inflamada… Es pues la búsqueda de la unión, de la vida en comunión, del encuentro del amor que es mas intenso y mas intimo que el del hermano, el del padre o el de la madre, y que sin él no podré descansar, no podré realizar mi vida. Saldré pues a la intemperie, saldré pues allí donde siempre temí perderme, allí donde no veo nada y donde tengo que renunciar a mis posesiones y saberes, para clamar por el amado en medio de la noche. Aceptaré tanto las penalidades y las dificultades como los caminos angostos “…ire por esos montes…” y también cuando toque la vida humilde y simple, los caminos que aparentan ser rectos y sin dificultad “…y riberas…”

Paz y bien

Leo(mu)

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¿quien soy?

Aprendiendo de maestros:

Buena pregunta peregrino:

Es suficiente saber lo que usted no es. Usted no necesita saber lo que usted es. Puesto que, mientras que conocimiento signifique descripción en términos de lo que ya se conoce, ya sea por percepción, o por conceptualización, no puede haber ninguna cosa tal como conocimiento de sí mismo, pues lo que usted es no puede ser descrito, excepto como negación total. Todo lo que usted puede decir es: «yo no soy esto, yo no soy eso», usted no puede decir a sabiendas «esto es lo que yo soy». Eso es una insensatez. Lo que usted puede señalar como «esto» o «eso» no puede ser usted mismo. Ciertamente, usted no puede ser otro «algo».

Usted no es nada perceptible o imaginable. Sin embargo, sin usted no puede haber ni percepción ni imaginación.

Usted observa al corazón sentir, a la mente pensar, al cuerpo actuar; el acto mismo de percibir muestra que usted no es lo que usted percibe. ¿Puede haber percepción, experiencia, sin usted? Una experiencia debe «pertenecer». Alguien debe venir y declararla como suya propia. Sin un experimentador la experiencia no es real. Es el experimentador el que imparte realidad a la experiencia. Una experiencia que usted no puede tener.

Paz y bien

Leo (mu)

www.puntasdelanza.wordpress.com

El camino espiritual no es solo practicar la O.C. (meditación sentado en un banquillo). El camino espiritual (el vuelo de los gansos) es una práctica global, que incluye el entrenamiento en el silencio, pero que también incluye la práctica en todos los momentos de nuestra vida. Hacer solo O.C. u otra oración silenciosa, como herramienta y solo eso… es un error que nos lleva de nuevo a parcelar la forma de vivir, y que es otra gran falacia. No podemos conectar (con nosotros mismos en el silencio), y desconectar a continuación como si fuéramos artefactos eléctricos con enchufes.

Poder se puede… pero  es un gran error hacerlo. El camino espiritual (la meditación u O.C. como herramienta para su fin), no es vivo hasta que no se ha enraizado en la vida del individuo.

¡Cuantas personas han tenido experiencias de despertar y luego han pasado (solo fue una pequeña experiencia) y su vida muestra las mismas contradicciones o mas que antes! El trabajo real de la O.C. como herramienta en el camino espiritual es enraizar la experiencia mística en el hombre y mujer que la practican. La meditación es una práctica universal, hoy ya pertenece a toda la humanidad. Es una práctica fuera de toda doctrina que marca el camino de evolución de la conciencia, y que lleva a la transformación completa de nuestra vida y la de todos los seres.

Leo(mu)

(Aprendiendo de los maestros)

La vida de contemplación en la acción y la pureza de corazón es, pues, una vida de sencillez y de libertad interior. Uno no busca en ella nada especial ni pretende ninguna satisfacción en particular, sino que se contenta con lo que es. Hace lo que hay que hacer, y cuanto más concreto sea, mejor, sin preocuparse por los resultados. Se siente satisfecho con tener buenos motivos para llevarlo a cabo y el pensar que puede cometer errores no le produce demasiada ansiedad. De ese modo puede nadar en la viva corriente de la vida y estar constantemente en contacto con Dios, en el anonimato y la cotidianidad del momento presente en su evidente tarea.

En este tipo de momentos, andar por la calle, barrer el suelo, lavar los platos, pasar la azada por la tierra para cuidar las flores, leer un libro, dar un paseo por el bosque… todo ello puede enriquecerse con la contemplación y con la oscura sensación de la presencia de Dios.

Esta contemplación es más pura si cabe porque uno no la “observa” para saber si esta ahí. Semejante “caminar con Dios” es una de las formas más sencillas y seguras de llevar una vida de oración, y de una de las mas infalibles. Nunca atrae la atención de nadie, y menos aún la atención del que la vive. Y uno pronto aprende a no desear ver nada especial en si mismo. Este es el precio de su libertad. (T.Merton).

Nota: lean en www.puntasdelanza.wordpress.com  la meditación sin objeto

Paz y bien

Leo

(aprendiendo de los maestros) 

Muchos “oran” pero, al parecer, pocos son los “orantes”. Se puede estar vivo como “hacedor” de cosas y dinamizador de movimientos, y muerto o debilitado como realidad teologal. Al parecer, muchos hacen de la oración un “fragmento” de su vida; pocos, en cambio, hacen de la oración “eje” de su vida.

Tenemos mucho adoctrinamiento sobre la oración y mucho prurito de hablar de ella como un referente necesario; pero, es menos, al parecer, nuestra cultura oracional, la que afecta a nuestro corazón, a nuestra necesidad insondable de ser completos: de “ser”, simplemente.

Sentimos poca necesidad de fundamentar nuestra relación con Dios en la oración; mucha, por el contrario, en nuestra propia actividad, o activismo, que puede representar una tragedia teologal disimulada:

  • estoy muy ocupado;
  • no tengo tiempo.

Y es cierto. Pero, tal vez no tenemos tiempo porque no valoramos suficientemente la eficacia de lo que parece una pérdida de tiempo en la soledad de estar con Dios en su soledad y en la nuestra recuperada. Por otra parte, es necesario restablecer el equilibrio de saber “estar con la multitud” y de saber “estar solos ante el solo”. Es éste un equilibrio que hay que enseñar y que hay que aprender: realizar nuestra singularidad, nuestra “soledad”, como un jarro de arcilla modelado en un sosegado taller de alfarero; y saber pasar a ser de utilidad pública y poder dar de beber de ese jarro, agua fresca, por amor al Maestro. Modelando el barro se hacen las vasijas, y es de su vacío del que depende la utilidad de las vasijas de barro. En nuestra cultura de la exterioridad no es fácil, ni se entiende bien, cómo elaborar esa “invisibilidad”, que es nuestro vacío, como una gran utilidad para estar en la presencia de Dios y para estar en el pueblo. Y, no obstante, es una responsabilidad que nace en la soledad de ese desierto y “despoblado”, imprescindible para buscar y realizar la sublime singularidad que nos puede revelar quiénes somos de verdad. Él nos conoce por nuestro nombre propio, es el nombre que nos da en un acto original y exclusivo cuando nos nombra, nos llama y nos crea. Esa llamada es una vocación singular, que tenemos que desarrollar porque es una responsabilidad. El vacío, la soledad, el desierto nos la descubre. A partir de ahí, y desde ahí, nace la fidelidad a una multitud que nos busca (Mc.1:37).

Necesitamos recuperar esa singularidad que, paradójicamente, nos inserta y se realiza del todo en un proyecto común, enriqueciéndolo con una presencia adquirida sólo en esa sublime soledad de ser uno mismo en la presencia de Dios. Como Jesús, a quien le definía esa relación singular con su Padre.

Una auténtica cultura de la interioridad nos devolvería la idea y el sentimiento de que la oración es la clave de nuestra verdad y de nuestra “identidad” como “personas”. La oración implica, no sólo la verdad de nuestra relación con Dios, sino también, una verdadera experiencia humana. “Ser” es “ser orante”, y en la medida en que lo somos. Tal conciencia de presencia no la realizamos fundamentalmente, ni principalmente, desde el propio trabajo, actividad o activismo; la realizamos, imprescindiblemente, desde nuestra singular pobreza de ser sólo una relación de amor desde nuestra pobreza reencontrada.

Paz y bien

Leo

Dice un cuento:

Vivía en la India un hombre extremadamente rico que tenía un solo hijo; pero, un día, su hijo desapareció o fue secuestrado. El padre hizo cuanto pudo por encontrar a su amado hijo, pero todo fue en vano. Pasaron los años sin que el padre pudiese saber su paradero y, conforme se iba haciendo viejo, la añoranza por su hijo se hacía cada vez mayor. Un día, mientras se encontraba contemplando el horizonte desde una ventana, vio acercarse a su casa a un joven vagabundo. Al llegar le socorrieron y, cuando éste estaba ya a punto de marcharse, el hombre rico le vio la cara y casi saltó de sorpresa, puesto que había reconocido a su propio hijo, tanto tiempo ausente. Inmediatamente llamó a sus sirvientes y les dijo:

- Traedme aquí a ese joven vagabundo. Varios sirvientes fueron tras él, intentando hacerle volver. El joven rehusó diciendo:

- Perdonadme, por favor. No volveré nunca a vuestra casa. Pero aunque soy un vagabundo, no he hecho nada malo.

- No, no te estamos acusando de nada. Ocurre, simplemente, que nuestro amo quiere verte,

- le aseguraron los sirvientes. Pero fue inútil, porque no consiguieron hacerle volver. Por el contrario, el joven se asustó aún más y empezó a temblar, diciendo:

- Yo no tengo nada que hacer en presencia de un hombre tan noble e importante. Finalmente, los siervos tuvieron que volverse y dar cuenta de su fracaso a su señor. Entonces, el hombre rico, lleno de dolor por su hijo, ordenó a uno de sus criados jóvenes que se disfrazase de vagabundo y tratase de hacerse amigo de él. Así se hizo, y cuando el criado-vagabundo creyó llegada la ocasión, dijo al joven vagabundo, hijo de su señor:

- He encontrado un buen empleo. El trabajo no es muy duro, y el jornal bastante bueno. Además, nos darían una pequeña habitación para los dos. ¿Por qué no me acompañas y lo intentamos? Así fue como ambos entraron al servicio del hombre rico. El joven trabajó como jardinero durante un tiempo. Cuando ya estaba acostumbrado a esta situación, el hombre rico le ascendió, haciéndole sirviente de la casa. Como este trabajo lo hizo bien, el hombre rico le dio la responsabilidad de dirigir sus propiedades y finalmente le nombró, para estar más cerca de él, su secretario personal, facultándole para asumir todas sus funciones. Pasaron los años. El noble se hizo más viejo. Percatándose de que no viviría mucho más tiempo, reunió a sus parientes y amigos y le presentó al joven diciendo:

-Este joven es mi propio hijo, que desapareció cuando era un niño pequeño. Y entregó todas sus propiedades y sus títulos a su hijo.

Este cuento nos recuerda la parábola del Hijo Pródigo que nos demuestra muy claramente el punto de vista de Jesús referente a este tema y su forma distinta de entender a Dios. Ahí se dice del padre: Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente… ese es nuestro Padre… al que nos invita Jesús conocer y experimentar. Experimentar es algo muy diferente a saber intelectualmente de Él. Mi consejo es que no solo lo experimentes sino que lleves a otros a conocerle.

Paz y bien

Leo

testimonio

El 11-02-1944… en un pueblito de Córdoba, de una joven primeriza… sin bombos y platillos… nacía yo, solo ella me recibía.

El 11-02-2011… en Buenos Aires, rodeado del amor de mi esposa, cuatro hijos, dos yernos y mis tres nietitos, festeje recién cumplidos 67 años.

Hoy al estar en intimidad con el Santo, no pude dejar de mirar para atrás y recordar mi pasado, aquel tiempo cuando desesperado buscaba Su amor y reconociendo cuanto le necesitaba  le decía, cuanto le amaba y prometía amarle más y más… que quería caminar en Su verdad y a Sus brazos correr. Me había impactado su amor, al leer el evangelio de Juan en el hospital militar cuando me restablecía de una operación de apendicitis que me hicieron cuando hacia la colimba.

Era joven, tenía fuerzas, sueños, ilusiones, proyectos (rebeldía) pero su amor me había cautivado, al poco tiempo… ofrecía poner todo en el altar (declaraciones inconscientes de enamorado sin saber cuanto significaba eso), creo fue mi primera conversión (o la intensión de conversión) porque la verdadera metanoia, llevó su tiempo y aún sigo (ja).

Pasaron los años… y… cuantos (un proceso):

Hoy como ayer, vuelvo al altar… ya no soy joven, y aquellas fuerzas disminuyeron… pero aún… sin mucho para dar, ofrezco mi vida y mi voluntad, lo que soy como ofrenda en su altar (ahora muy consciente de lo que ello significa, o tal vez porque solo me queda eso).

Mi decisión hoy… tal vez más firme que ayer, es vivir solo para EL y responder a ese amor que conquistó mi corazón. “Confieso”… yo no he sido barro fácil en las manos del alfarero, pero su paciencia al fin triunfó,  al menos ya no pongo resistencia a su voluntad (trato).

Hoy con mis manos levantadas hacia el cielo, me presente ante  mi Señor, para recibir de EL la fuerza y el poder,  para recorrer lo que falta del camino (vivir) junto a EL. No tengo más que mi vida para dar…  “mi voluntad y lo que soy” ofrenda son en su altar, y mi decisión es vivir solo para EL y responder a ese amor que conquisto mi corazón.

Hermanos (gansos en vuelo para los místicos), mi testimonio es que:  

  • EL  llena (hoy como ayer) mi corazón con SU presencia,  
  • El llena de alegría y paz todo mi ser,

Con esta experiencia camino (vuelo), sabiendo que ante cualquier necesidad EL me responderá.

Por que me ama… me ama y sabe que a sus brazos voy (vuelo).

Paz y bien

Leo

 Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. (Jn 14,20)

Dios ES LA FUENTE DE LA QUE EMANAMOS

A lo largo de los siglos las religiones se suelen desviar una y otra vez de la visión originaria de sus fundadores. Comienzan a institucionalizarse. Con el fin de mantener su influencia, la religión tiene que desarrollar una ideología pretendidamente incontestable para poder imponer esa ideología. Sigue aferrada a sus doctrinas, independientemente de los cambios que se van dando en su entorno. Es algo que les ha sucedido a todas las religiones. Únicamente la mística, a pesar de todas las persecuciones, ha quedado libre de este fenómeno. De ahí que la mística sea el instrumento para la renovación interior de toda religión.

Los sabios hindúes exigen que los buscadores auténticos, en su aspiración a lo divino, vayan más allá de nombres y formas. También los místicos cristianos exigen que busquemos lo divino más allá de todo concepto. Los peldaños de la subida del monte los denomina Juan de la Cruz “nada”. No se experimenta lo divino en el comprender, sino en el desprendimiento de toda idea. Agustín advierte: “Si lo comprendes, no es Él (Dios), y si es Él, no lo comprendes”. Otros autores expresan la misma idea: La persona que busca a Dios solamente podrá abrirse al misterio incomprensible por “la oscuridad resplandeciente” (Dionisio Areopagita); por el vaciamiento, por “la oscuridad del alma” (Buenaventura); “Quien cree haber reconocido a Dios, reconociendo alguna cosa, ése no reconoce a Dios” (Eckhart).

Lo que denominamos Dios es lo que se realiza y toma forma desde un fondo inconcebible.

¡Conoce quién eres!

Los místicos cristianos utilizan un rico lenguaje figurado para describir esa experiencia de unidad. Soy “una chispa de Dios” (Maestro Eckhart), “una gota del océano divino” (Teresa de Ávila), “una llama del fuego divino” (Juan de la Cruz), “Dios se alumbra en mí” (Orígenes),

“Dios se hace fructífero en mí” (Agustín). Somos no-dos, una llama del fuego Dios, una ola del mar Dios, la vasija de lo divino.

Parece que este universo existe desde hace trece mil millones de años. Por supuesto, anteriormente también existía un universo, pero seguramente de una clase muy diferente, porque lo que llamamos Dios es atemporal. Atemporal no significa eternidad. El tiempo es creado por nuestra razón, nuestra estructura personal. El que sea capaz de descorrer la cortina de lo personal experimentará lo atemporal. Lo que verdaderamente somos es atemporal, no eterno. Se manifiesta en el tiempo (W.Jaguer)

Como estos maestros  enseñaron, también nosotros como miembros de la OCArg, por medio de la O.C. procuramos experimentar ese fondo originario, ese hondón, centro, unión…

Paz y bien

Leo

www.puntasdelanza.wordpress.com

Queridos amigos/hermanos o compañeros de camino:

 Hoy regresé de mis vacaciones… Con todo, alabar a Dios por sus admirables atributos y por el gran amor que nos tiene es oración muy digna de elogio. Pero no cabe duda de que reposar en el simple acto de consciencia que tenemos de Dios, amarle y alabarle por lo que Él es en sí mismo, es oración de calidad muy superior

Contemplar no es pensar o raciocinar respecto de Dios. Podemos pensar y raciocinar sobre cosas conocidas, sobre personas, sobre un acontecimiento determinado, sobre informaciones respecto de cosas desconocidas…

Cuando hacia mis ejercicios delante de su obra maravillosa (O.C. frente al mar y al amanecer), no pensaba ni raciocinaba de una manera activa. El tiempo que pasé podría dividirlo dos tiempos:

  • tiempo de búsqueda activa para descubrir la belleza y magnitud de ese paisaje, y
  • tiempo de pasividad absoluta para admirar y contemplar de vista esa obra  que tenía frente a mi.

La visión contemplativa propiamente dicha de la naturaleza o de Dios es difícil de describir. Pero más difícil aún es definirla.

El acto contemplativo no es acto de conocimiento. Es más bien un acto de gozo o de pura admiración y de asombro ante el SER en sí.

Podemos conocer muchas cosas. Pero no podemos, sin embargo, conocer al Creador de todas ellas tal como Él es. Conocemos algunos de sus atributos porque Él mismo los reveló directa o indirectamente.

Podemos, sí, intuir algo de la esencia de Dios. Contemplar es maravillarnos, por intuición, de lo que Dios es en sí mismo, sin que, por otra parte, seamos capaces de llegar a comprender totalmente esa maravilla.

El contemplativo prefiere amar la maravilla que descubre en vez de tratar de comprenderla. Puedo decir que es posible amar lo que no se conoce todavía. El amor puede, realmente, alcanzar y abrazar lo que la mente todavía no conoce.

Seguramente nos estaremos comunicando durante el transcurso del año… están invitados a compartir experiencias del camino espiritual.

Paz y bien

Leo

Toda religión tiene Sagradas Escrituras, rituales y mandamientos, para ayudar a las personas a encontrar lo que se denomina Dios, divinidad, naturaleza esencial, etc.

Las escrituras y los rituales pueden únicamente señalar a Dios. Se dirigen a la razón, pero ésta es un instrumento incompleto para experimentar a Dios: tan sólo puede saber de Dios. Quien quiera experimentar a Dios tiene que ir más allá de los libros, de los rituales y de todo concepto mental.

Por ello, todas las religiones han buscado caminos que conduzcan hacia la experiencia de la Realidad última. La contemplación es el camino cristiano. Se enseña en los escritos de los místicos, empezando por los Padres del Desierto, pasando por Buenaventura, Eckhart, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Madame Guyon y los Padres de la Iglesia Oriental, por citar tan sólo algunos de los místicos. Todos ellos conocían la práctica de quedarse sentados en silencio durante largo tiempo (muchas veces en un banquito), la repetición de sonidos y palabras, y/o permanecer en quietud en la presencia de Dios.

Hay cierta estructura básica común a todos los caminos esotéricos: quedarse sentado quietamente durante mucho tiempo, andar de forma recogida, utilizar un sonido, una palabra sagrada o un mantra como ayuda para el recogimiento. Los monjes cristianos de Tebas y Scytis permanecían a menudo sentados por espacio de diez horas en un banquito o sobre un haz de papiro, y también realizaban sencillas tareas físicas, en las que practicaban el recogimiento.

Hay que decidirse por uno de esos caminos esotéricos, después de comprobar que encaja con nuestro temperamento, y mantenerse en él.

También la meta es común a todos los caminos esotéricos: quieren conducir a la experiencia de la Realidad originaria que se denomina, según la religión correspondiente, divinidad, lo numinoso, lo absoluto, naturaleza esencial. Los espacios transmentales de la experiencia forman parte del don básico de nuestra existencia humana, aunque muchas personas no sepan nada de ellos.

Paz y bien

Leo (mu)

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